Ciutat Vella o el gobierno de la hosteleria

Estimado Hobbes,

Siguiendo tu consejo de invertir en ladrillo, hace un par de veranos compramos un piso en Ciutat Vella, en Barcelona.

Aceptando la realidad con la que nos encontraremos a la hora de jubilarnos los que somos menores de 50 años (o de 60 si la cosa sigue así), léase, ni pensiones ni ayudas de ningún tipo cuando lleguemos a nuestra anciana edad, y con la intención de llegar a ser un individuo soberano, inversión en ladrillo en una zona turística en una capital internacional, parece y parecía lo correcto.

El problema, Hobbes, es que no contaste con los intereses que realmente controlan la economía barcelonesa.

En reiteradas ocasiones hemos intentado registrar el piso como apartamento turístico, pero curiosamente, el ayuntamiento cerró hace un par de años la entrada a nuevos interesados.

Y digo curiosamente por que pocas veces un gobierno municipal o de otro nivel, rechaza ingresos por parte de (y aún más extraño) ciudadanos que quieren legalizar una situación que, regulada, sólo tiene aspectos positivos para la población en “general”.

Hobbes, date cuenta de que enfatizo el interés general, pues todo el mundo gana si el consistorio recibe ingresos extra regularmente. Pero como siempre, los intereses de una minoría (en este caso los negocios de hostelería del distrito de Ciutat Vella) son más importantes que los de la mayoría.

Pero Hobbes, sabes lo que más me molesta? Que los periodistas que escriben artículos demonizando a los propietarios de apartamentos turísticos no se molestan en investigar los intereses detrás de estas propuestas. Es más, ya he escrito a más de un periodista proponiéndole hacer un artículo estudiando e investigando los intereses escondidos y la renuncia de un gobierno de distrito a ingresos por tasas y/o impuestos, pero parece ser que ellos también están vendidos a los intereses de la hostelería.

Y llego a esta conclusión porque, a mi entender, si el objetivo de los periódicos es vender espacios publicitarios (no nos engañemos, informar es un by-product), titulares del tipo “Ciutat Vella renuncia a incrementar ingresos por presión de la industria hostelera” venderían más periódicos o atraerían más lectores (y negocio) a los diarios gratuitos. Si también deciden no investigar el tema, entiendo que perder ingresos en publicidad por parte de los hoteles les deja en una penosa situación sin independencia periodística.

Al final, como siempre, incitando al deporte nacional (envidia), el que no tiene un apartamento turístico quiere que el que sí lo tiene sea multado al margen de cualquier beneficio social o económico esta actividad honesta que soluciona un vacío de mercado que la hostelería tradicional no cubre (número, categoría, precio, y localización de camas limitada). Y eso es sin hablar de la experiencia turística del visitante, donde el viajero está especialmente interesado en vivir durante unos días “como un barcelonés”.

Esta tendencia de creciente influencia en los mercados turísticos explica porque alguien viajaría a Groenlandia a pasar unas vacaciones en un iglú, una estancia en una cueva en La Palma, o alquilar un ático en Manhattan.

Barcelona! Abrid los ojos antes de que sea irreversible la falta de visión!

Hasta luego Hobbes,

.Calvin

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